jueves, 6 de septiembre de 2018

Fundación Cantalao: El gran proyecto de Neruda que nunca se concretó

Este año se estrenó el documental “Cantalao, el secuestro de un legado”, del director Diego del Pozo, el cual aborda la historia del gran proyecto que el poeta y Premio Nobel de Literatura chileno, Pablo Neruda, tuvo durante su vida y que, tras su muerte en septiembre de 1973, fue totalmente ignorado y olvidado por las personas que quedaron a cargo de su legado.

Se trata de una idea que siempre entusiasmó mucho a Neruda. De hecho, la menciona varias veces en distintos artículos de prensa de la época -a partir de la década del ’60-, donde fue dando a conocer el espíritu y el cuerpo de la que sería su Fundación “post mortem”, para la cual ya tenía adquirido el terreno donde se emplazaría y en donde incluso levantó una pequeña cabaña con un ancla -a modo de “primera piedra”-, que más de una vez fue saqueada por delincuentes comunes, según contó el mismo escritor en su columna de la revista “Ercilla”.

En líneas generales, la Fundación Cantalao consistía en la habilitación de una casa que sirviera de alojamiento a escritores jóvenes de Chile y Latinoamérica, para que pasaran un año trabajando sus respectivas obras -becados- en sus dependencias, ubicadas en Punta de Tralca, localidad ubicada en el litoral comprendido entre Valparaíso y San Antonio, muy cerca de Isla Negra.

Para Neruda, ese sería su único y gran legado. Y es que, según confirman varios de sus cercanos, el poeta jamás tuvo en mente convertir sus casas en museos. Todas sus energías estuvieron puestas, siempre, en Cantalao. En ese sentido, el documental de Diego de Pozo cumple dignamente con dejar una constancia de esta vulneración impune realizada hacia la voluntad del poeta, en la cual, dejando la inocencia de lado, podemos advertir claramente una intencionalidad política.

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viernes, 2 de marzo de 2018

Cátedra de Aterrizaje

locación:
-pelluhue.litoraldelmaule-
-27feb.dosmildiezveces
amaneciendobajolamar-
:
La suave brisa nos contiene,
lentos y amarillos,
sobrinos de una catástrofe:
cobijos de la mar y su pescada
nos hicieron bolsa de arena y basura:
fugaz pigmento en la escapada
nos temblaron las rocas lunares.

La mano del mar lo sublima.

Una dignidad parida con sangre,
un hombre flotante apareciendo de lejos
un gris reojo por los botes sobrevivientes
un amanecer mezclado con arena y ron:

Llamas y vengo rezando de mentira
Ojos piadosos son llamas no cruces:
Carnadas y manos sacudiendo la arena:
Pez sol durmiendo sobre las camas:
Cangrejo ebrio cortando alambradas:
Lágrima de sangre subiendo por el pecho:

Maniobra sutil de hombre piadoso
Amanecer patipelado en fogata de cerro
Rompimos en llanto por cada escombro
Con un tibio paisaje como recuerdo.

:

(Umbrías regiones ahorcadas
en destrozados indios litorales
fusilados con fuego tormento
en el amanecer de la conquista oscura
antes de la pesadilla de la república
antes del salvaje animal que escarba)

(La naturaleza
no es tan mala como el hombre
hay círculos en los lagos
ciruelas en los caminos
sobrias habitaciones de poetas
no tan malos como el hombre)

(Soñé un pedazo de bosque entre los dientes
soñé tajada de abeto roble y muchas lágrimas
y una gran arcada por el tóxico alumbramiento
del humus:
químico bienestar de la república celulosa
entrando lentamente al óxido,
con clara sobredosis de veneno.

Crimen azul y amarillo
en la mirada de nuestras abejas)

:

Resistencia es la acción,
resistencia nuestra boca:
la frágil república cadáver,
con su carne faenada en terremotos.
¿Nos sentamos en la misma mesa?
O en definitiva el frío nos divide
y la espuma del mar en las lágrimas
y la hoja resistencia de la imagen
y la canción triste de las caletas
y el oscuro tiempo de los fusileros
(sobrinos de embajadores,
apuntándote a la cabeza)

Quién limpió el vómito de la casta social?
Quién cargó el hábito manchado del sirviente,
la costra oscura de sus manos,
quién se alimentó bajo la alfombra,
y le sangraron las rodillas arrastrándose
por clemencia?

Hay un fragmento que queremos escarbar,
escuchar voces en el oleaje, peces nadando
hacia un reloj azul: ay, arrase de nuestra
vida material, ay, pesado reino de la arena,
cochayuyos y hembras gloriosas de escama
brillante: de rodillas, como antiguo testigo de dios,
cancerbero de letras o enemigo de la química,
viramos a perfil de gaviota ante el amanecer,
con un cangrejo rojo caminando hacia las estatuas,
a picotear el silencio nacional de los gobernados.

(Epílogo)

El memorial de los abuelos
es la bitácora del aprendizaje.
La cátedra del aterrizaje.

Ahora,
un rastro,
sólo un rastro,
en el sol que se va.

Ahora el silencio,
y nosotros el diluvio y todas las palabras.
Finalmente, brotaron verduras,
agiles y rosadas, amarillas, sutiles y azules.
El reloj del cielo amaneció y nació un vino,
rojo y nuevo como sangre de ojo y boca,
uteroso como el vientre del mar, pulposo,
como entraña de madre y reina pez.

Una sola copa es el silencio que tuvimos.

Y entonces levantamos estatuas, esculturas líricas,
oníricas y cláricas, fabulosas y marítimas,
faros de luz en la espesura del litoral,
rastros de nuestro hermoso esqueleto de amor.