martes, 10 de junio de 2014

Baila Monstruo, de Absalón Opazo

Por Carlos Peirano.-
  
“La física no ha encontrado líneas rectas, sólo ondas…”  La cita es de Richard Buckminster Fuller y se ajusta, de algún modo, a la estructura utilizada (en clave poética) por Opazo en su última entrega, Baila monstruo. El poemario, fruto de un vertiginoso periplo realizado por el autor durante la última década, cuenta de dos partes no excluyentes, pero que, de por sí, evidencian una disección técnica dada por su no linealidad.

La primera parte, titulada Lancear el hambre, es un conjunto de poemas que vuelven sobre temas, y obsesiones, esbozados por el poeta en otras de sus publicaciones. Aquí se puede encontrar (con un lenguaje diáfano y certero) el letargo de los días venideros, la belleza inscrita en el mausoleo generacional, la frustración del golpe y su posterior matadero. No es baladí su toma de posiciones. Opazo escribe entonces como un centinela en medio del desierto. Su inspiración, entre muchas otras, es el drama histórico y sus posteriores consecuencias. Una poesía personal no carente de épica.

La segunda parte, que lleva el título del libro, es otra cosa. Ya en su disposición en la página (en forma de bloques) aquello que antes se revelaba con cierta soltura, acá se ve mermado por la violencia del encuadre. Asistimos al monólogo de un artista en plena facultad de su quehacer. Pluralizando su persona en algunas ocasiones, como en un extraño coro, va tejiendo una trama insospechada de anécdotas, revolcones, tomateras y blasfemias que, en su pluma, confluyen con suma inteligencia. El marco siempre es la ciudad y sus contornos. La ciudad opresora y devoradora. La urbe (urna dicotómica de otras dominaciones) como hábitat natural. Un tráfago de palabras que sintonizan con el ritmo de ésta. Una puesta en escena peculiar para desbaratar los valores familiares, los antecedentes artísticos, las mal llamadas relaciones humanas y los voladores de luces a los que nos han acostumbrado nuestras pobres autoridades.

En definitiva, un libro que, sin pretenderlo, carga con el estigma de una sociedad derrochada en un baldío insoportable que puede relatarse con retazos, dentro de un imaginario cada vez más disminuido por los avances tecnológicos, y la falta de interés por aquello que se encumbra en estos versos, nada nostálgicos, presentados en este pequeño volumen.

Comentario publicado en www.cavila.cl

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